La irrupción de una cultura del cambio nos obliga a estar repensándonos constantemente para enfrentar las mutaciones del mercado. Lo que hoy es cool, pasado mañana no existe. El cambio es una constante y si para las personas nos resulta desconcertante, imagínate para las empresas.

En este escenario, no existe otra posibilidad de sobrevivir que pensar creativamente. Si no innovamos permanentemente, si no estamos reinventando lo que hacemos, si no llegamos a soluciones más potentes que la de los demás, perdemos frente al mercado.

Las grandes corporaciones contratan consultores, expertos y gurúes para batirse con el problema de la innovación en sus productos y servicios. Y aunque algunas lo logran por si solas, la más de las veces sólo lo consiguen con ese apoyo externo. Las Pymes, sin embargo, tienen grandes problemas para enfrentar escenarios adversos usando herramientas que generen creatividad en su interior. Para ese contexto fue que escribimos este artículo para que desactives creencias que la mayoría de las personas tiene sobre este tema y que son profundamente erróneas.

Cinco paradigmas erróneos para desactivar.

Primero: La creatividad es una condición preexistente o resultado del talento particular de alguien.

Nos hemos convencido que somos o no somos creativos. Eso es incorrecto. Los equipos multidisciplinarios y enfocados pueden llegar a grandes ideas usando técnicas simples pero con consistencia. Digan adiós eso de “…es que yo no soy creativo…” La creatividad es un tema colectivo. No se trata sólo de “comprar” el talento de un iluminado para llevarla por si sola a la empresa. Así como ellas aprenden a ser eficientes, también aprenden a ser creativas como parte del trabajo en equipo.

Segundo: En un equipo creativo, todos deben ser creativos.

Siempre que pensamos en hacer un brainstorming pensamos en llamar a los “más creativos”. Quienes han estudiado estos procesos han determinado que lo realmente importante es entender que existen perfiles. El famoso método “Four Sight” determina que existen 4 perfiles (El clarificador, el ideador, el desarrollador y el implementador) cuyas características se encuentran presentes en todos los componentes de un equipo. La gracia está en la combinación de estos cuatro perfiles. Es ella la capaz de llevar a resultados extraordinarios. No basta contar sólo con ideadores (o “tipos creativos” según nuestra jerga).

Ingresa en www.foursightonline.com y podrás hacer un test on line para definir qué tipo de perfil compone tu equipo de trabajo. Busca hacer equipos que equilibren los cuatro perfiles y tendrás una gran base para realizar brainstorming con resultados poderosos.

Tercero: Las reuniones ejecutivas deben ser serias y formales. Ojalá todos sentados. ¿Y las creativas?

Puf… Nada espanta más el surgimiento de las ideas que la rigidez. Cuando decidan enfrentar un problema que requiere nuevas y buenas ideas, junten a su equipo ejecutivo (recuerden, no sólo los “creativos” sino los que se complementan) y salgan de la oficina. Relájense, busquen un buen lugar y llenen el espacio de plumones, post it, buen café y ojalá apaguen los celulares. Deberán enfocarse en un solo problema durante una hora (no más) lanzando todo aquello que se les venga a la cabeza. Sin pudor y sin bulling. Cuando comiencen a seleccionar qué salió de allí, se sorprenderán.

Cuarto: Las ideas se conversan sobre la mesa.

Nooo!!! Las ideas se dibujan y se pegan en la pared. Lo que se dice, se pierde en el aire. Se desvanece. Una de las herramientas más eficientes para el trabajo creativo es el “VIsual Thinking”, una sencilla forma de pensar valiéndose como herramienta del cotidiano y silvestre Post-it. Todas esas ideas que van saliendo no quedan en el aire. Se dibujan o escriben en un Post it y se van pegando en la pared. A la hora de evaluar lo malo, regular, bueno y brillante, están ahí, a la vista de todos. Y lo mejor es que quien modera la sesión puede ir despegando y agrupando ideas similares logrando sinergizarlas para hacer que el grupo las potencie aun más. Porque todo está frente a ellos.

Quinto: Equivocarse es sinónimo de estupidez y hacer las cosas una sola vez es lo correcto.

Este último paradigma es lejos uno de los más letales para la innovación y uno de los más presentes en nuestra cultura. Estimadas Pymes. Ustedes tienen una ventajas. Son elásticas y están dispuestas a correr riesgos. Están en esto por eso, ¿no? Nada es más importante que aceptar la posibilidad del error. Lo importante es el aprendizaje y qué podemos sacar en limpio a partir de ello. Steve Jobs decía “la recompensa es el viaje”.

La certeza que tanto solicitan los comités ejecutivos son paradójicamente el lastre que condena a muchas compañías a no hacer saltos cualitativos en los productos o servicios que lanzan al mercado. Sólo háganse una pregunta: si la Reina Isabel La Católica hubiese esperado un retorno certero de utilidades a Cristóbal Colón puedo asegurarles que jamás habría habido una expedición. El resultado fue el descubrimiento de un continente y una invasión de riqueza como nunca conoció el Imperio Español. Y lo más gracioso es que todo resultó de un desconcertante error.

La creatividad agrega valor. La certeza sólo lo administra.

La creatividad es algo más que una palabra. Es una cultura. Una forma de ser de las compañías. Está presente en todos los rincones de las empresas que llevan la delantera en innovación. Es estimulada y generadora de valor que se recompensa con enormes retornos y utilidades que financian aquellos fallos de los cuales se aprendió.

Google, por ejemplo, les otorga a sus trabajadores la libertad de dedicar un día de la semana a trabajar en un proyecto personal, no importando de qué naturaleza se trate. La única condición que impone es que el desarrollo de ese proceso sea monitoreado por su superior. Lo asombroso es que muchas de las mejores ideas de Google han surgido como resultado de esa práctica. El Google Maps, de hecho, es uno de esos ejemplos.

La pregunta que cabe hacerse es si estamos en condiciones de imponer esa cultura creativa en nuestras empresas, sobre todo cuando somos pequeños.